Si supieras que la mayor parte de lo que haces pasa desapercibido, te animarías a hacer más.
Porque después que vencés el primer miedo, y empezás a comunicar con intención, luego viene el "pero es que no quiero molestar…"
Esa manera de esconderse detrás del sentirse amable, para no exponerse más de la cuenta.
Lamentablemente, damas y caballeros, acá hay que tirarse sobre la parrilla para que coman de uno. No importa si tu negocio es pequeño o grande, toda marca se beneficia de tener un embajador que le hable a su público.
Y tenemos que estar siempre.
Siempre para que tu mensaje llegue y siempre para que tu mensaje se quede en las personas.
Entre tanto mensaje que abunda, si aparecés de vez en cuando, tu voz se pierde en el barullo. Y cuando lográs que te escuchen, necesitás repetir tu mensaje para que realmente quede. No sirve con que te escuchen una vez, tenes que estar constantemente, como la gota de agua que termina partiendo la roca en dos.
No importa el tamaño de tu voz, si tenés la constancia de estar presente.
Entonces:
1 – Animate a hablarle a tu público
2 – Animate a repetir tu mensaje. Después que pensás que aburriste, repetilo tres veces mas.
Te vas a dar cuenta que la persona correcta tomó la decisión recién la última vez que lo repetiste.
—
Si no te animás, pero sabés que tenés el potencial para estar en un lugar mejor me escribís.
Que el impostor sigue viviendo dentro de mí, pero cada vez logro que hable mas bajito.