Ponerle precio a lo que hacemos es parecido a la magia negra. Tiene sus rincones oscuros y si funciona bien, hace milagros.

El problema es que habitualmente suele tratarse de manera mecánica: Costos + Ganancia = Precio. Y… esta no es la mejor manera.

No es la mejor manera porque para el consumidor el precio es mucho mas que el valor de intercambio, es una señal.
Es un indicador de posibilidades y de calidad.

Y en ese laberinto, la mente humana tiene sus propias reglas, que para variar escapan a la lógica.

Ya está disponible un nuevo capítulo de Camino Amarillo en donde intento condensar toda la evidencia que me parece importante al respecto.
Te dejo el enlace en comentarios. Escuchalo y me contás tu experiencia.

Y si no lo querés escuchar te pido dos cosas:
Vendé mas caro y no hagas promociones.
Si lo escuchás vas a entender porqué.