Estoy en una. No de ahora, desde hace varios meses.
Es que llega un momento en el que venís barriendo mucho debajo de la alfombra y de repente tanta mugre te hace tropezar todo el tiempo.

Y es por eso que vengo probando diferentes tipos de terapias, de esas que ayudan a echar luz sobre nuestros rinconcitos oscuros de la mente.

El lunes pasado, al salir de un encuentro, le digo a la terapeuta:
– Tenés que poner esto en palabras, para que la gente pueda entender lo que hacés
– No puedo. La gente tiene que venir y vivirlo.

Imaginate que todo esto va en contra de mis principios y en el instante empecé una campaña para que comience a trabajar en esto e intente describir qué es lo que hace.

Te lo comento porque me pasa muchísimo.

Cada uno sabe lo que hace porque convive con eso, pero no saben explicarselo al otro.

Y ahí perdemos todos.

El que no sabe lo que hacés no sabe cómo lo podés ayudar. 
No se entera que existe una solución para eso que le pasa.

En los negocios y en la vida, no importa lo que hagas.

Por eso mi enfoque para sacar a las empresas de su meseta de crecimiento empieza siempre por la comunicación. Para comunicar bien tenés que tener una o dos cosas claras y ese es el principal problema. No tenemos claro qué es lo que hacemos, lo que generamos en nuestros clientes o cómo podemos mejorar la vida de los otros.

Y ahí perdemos todos.

El mejor ejercicio que te puedo proponer es clásico pero no por eso menos efectivo:
Imaginate que te encontrás en un ascensor con una persona que puede darte una mano con tu negocio. Una de esas manos que cambian tu vida por completo. Y tenés que explicarle antes de que se baje qué es lo que hacés.

No busques en Google “Cómo hacer un elevator speech”. Hacelo mas fácil, imaginate ahí y empezá a escribir lo primero que te salga.

Leelo en voz alta y pensá si realmente describe lo que hacés. Después dejá ese papel y no hagas más nada.
No intentes resolverlo de una.
Quedate pensando, pero nada más.

Al día siguiente intentalo de nuevo. 
Tenés una sola bala por intento. 
Y un intento por día.

Ponerte el desafío de hacerlo te va a dar mucha más claridad y no sólo vas a terminar con una buena descripción de lo que hacés. Quizás quieras cambiar una cosa o dos de tu negocio gracias a esta claridad.

Y esa definición la vas a empezar a dejar caer en las conversaciones en las que participes, para que todos sepan qué es lo que hacés.

Es como ir tirando semillas por donde vayas. Nunca sabés cuándo o dónde van a dar frutos.
No te prives de contarle al mundo qué es lo que hacés y cómo ayudas a otros.

Si yo preciso de algo que vos hacés, pero nunca me lo contaste,
perdés vos,
pierdo yo…

Y ahí perdemos todos.

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Si sentís que te está costando seguir creciendo, hablemos.
Hago que vuelvas a crecer fortaleciendo tu marca y comunicando estratégicamente.
No es fácil, pero funciona.
Esto es lo que hago y te estás enterando ahora.