El otro día estaba observando como jugaba mi hijo chico. Con sus 3 años, lo único que quería hacer era girar una calesita cada vez más rápido para luego intentar subir a ella.

Imaginate lo que era eso de intentos y caídas. Los golpes proporcionales a la velocidad de la calesita.

Mi única participación fue compartirle una técnica: intentar correr a la misma velocidad que la calesita para luego subir sin caerse.

Le encantó.

Le permitió girar más rápido y no caerse.
Doble victoria.

Después me senté a escribir mi newsletter, ese que escribo todos los meses y al que todavía no te suscribiste.

Hablé de la vorágine de tener un negocio que funcione, de lo difícil que es mantener todo en orden y de seguir sumando tareas que nos hagan crecer al mismo tiempo.

Casi como querer que la calesita gire más rápido y mantenernos arriba sin caernos.

Y en mi rol de estar ahí, al lado tuyo. Donde no giro la calesita por vos, pero te ayudo a que gire más rápido y no te caigas. Y capaz que hasta te enamoras de nuevo de tu negocio.

O algo así.
Tendrías que suscribirte para saberlo.
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Te espero.