
No tenés que hacerlo todo vos. De hecho, hacer todo por tu cuenta es la fórmula para quedarte en el mismo lugar por siempre.
Peter Lely, el ilustre pintor del siglo 17, entendió este principio fundamental y se convirtió en uno de los pintores más prolíficos de la historia del arte.
¿Su secreto? La colaboración.
Lely no trabajaba solo. Fundó una verdadera "fábrica de retratos", donde entrenó a decenas de talentosos pintores para que completen sus obras. La clave de su éxito radicaba en su enfoque nítido en lo más importante: las caras de sus retratos.
Mientras otros artistas se ocupaban de los fondos, las poses, la ropa y los detalles, Lely se centraba en capturar la esencia de sus sujetos a través de sus retratos. Esta delegación inteligente no solo le permitió mantener la calidad, sino que también multiplicó su productividad exponencialmente.
Te convencí?
Bueno, qué podemos hacer?
Delega para destacar: Olvidate del mito "nadie lo va a hacer como yo". Lo mas probable es que alguien lo pueda hacer mejor si le das la oportunidad y el tiempo para aprender. Todo el tiempo que inviertas en entrenamiento vuelve con creces en pocas semanas.
Enfocate en tu zona de genialidad: Identifica qué tareas realmente te apasionan y en las que sos realmente bueno. Concentra tu energía en esas áreas, ya que son probablemente la razón principal por la que comenzaste a emprender.
“¿Pero no sé cuál es mi zona de genialidad?”
Si no sabés cuál es tu zona de genialidad, tomate el trabajo de anotar todas las tareas que realizas durante el día. Después de unos días analizá cuales de esas tareas te gusta más hacer y (con la mano en el corazón) cuales podría hacer alguien más. Te vas a sorprender de cuanto tiempo y energía vas a recuperar.
Animate.
No sólo es más productivo, es extremadamente más gratificante.
Vas a empezar a sentirte mejor y hasta capaz que te volvés a enamorar de tu negocio.