Cuando tenés que desenredar una maraña de cuerda ¿estiras de las puntas esperando que mágicamente se desarme? Mmm, no. No?

El pasado fin de semana tuve que encarar una de esas tareas de la casa que venían siendo relegadas, y eso incluía desenredar 30 metros de cuerda. Por eso mismo era relegada.

Y mientras lo hacía, sentado pacientemente, no podía dejar de pensar en cómo solucionar un problema es exactamente igual.

Al principio, al igual que hice yo, dejamos la maraña de cuerda en un rincón, esperando no necesitarla o que se resuelva mágicamente.

Cuando no hay vuelta atrás, el primer impulso es tirar de las puntas para ir sacando las porciones que todavía no están comprometidas. Pero sólo logramos apretar más la maraña haciendo que la situación sea más compleja aún.

Mi encare es el mismo para los problemas que para las marañas de cuerda, voy abriendo y separando la situación todo lo que pueda. Que no haya dos porciones de cuerda pegadas, desentramando cada pedazo para ir atendiendo cada enredo y nudo uno por uno.

Esto lleva tiempo y paciencia.

No vas a poder soltar toda la cuerda hasta que no soluciones cada pequeña encrucijada que te cruces.

Desentramar la cuerda nos hace entender dónde están los nudos.
Porque hay unos nudos mucho más difíciles que otros.

Pero si vas atendiendo aquellos más alcanzables al principio, la situación va mejorando.

Para cuando te querés acordar ese nudo central que antes era imposible está totalmente expuesto y sin capacidad de ejercer resistencia.

Si el problema que tenés lo planteas en un mapa mental, lo más probable es que se parezca a la maraña que desenredé. Vas a poder ver los nudos más complejos y también los más sencillos.

Atender esos nudos desde el más sencillo al más complejo es tu nuevo plan

Ahora en lugar de escaparle al problema ya tenés una visión mucho más clara y un plan para solucionarlo.

Un plan te brinda calma y cada tarea realizada te da satisfacción.
Eso es un combustible y un premio más que necesario para hacerle frente.