No soporto cuando una empresa que brinda una buena solución no le vá todo lo bien que debería.
No soporto el potencial desperdiciado.
Gente con talento y capacidad sin un público que pueda aprender y consumir todo ese talento.
En esta época que me toca de introspección y de preguntarme qué corno estoy haciendo y cuál es mi verdadera virtud, esta es la frase que más se repite.
Estoy aquí para que aquellos con talento y ganas, tengan la vida que merecen.
Porque podemos tener talento, amor y un propósito que nos empuje, pero si no facturamos, todo se derrumba.
Emprender y tener una vida que nos resulte satisfactoria es una alquimia, una experimentación constante desde diferentes fuentes, siempre en búsqueda de la receta definitiva.
Para mí esa alquimia mezcla psicología, marketing, tecnología y filosofía.
No hay límites a la hora de buscar los ingredientes que necesitamos.
Buscar en los mismos lugares de siempre no nos va a resultar en soluciones innovadoras.
Este ejercicio constante de preguntarse para qué estamos aquí puede ser desgastante pero revelador al mismo tiempo. Nos ayuda a poner foco en las tareas verdaderamente importantes para nosotros.
Y cuando hacemos foco, todo resulta más sencillo y gratificante.
De pronto, y sin darnos cuenta, el negocio empieza a fluir y destrabamos ese crecimiento que veníamos persiguiendo.
Si te animas, contame para qué estás aquí, y que estás haciendo para sentirte mejor con lo que haces.
Que en una de esas, escribiendo empezamos a echar luz sobre tus capacidades.
Si no lo contás, nadie se entera.