Antes me jactaba que no necesitaba vacaciones porque me encantaba lo que hacía. Me sigue encantando lo que hago, pero entendí que hay que frenar todo para no quedar frito de la cabeza.

Estas vacaciones que me tomé a principio de año, de las primeras que me voy sin la computadora, entendí que en la desconexión, en el no hacer nada, hay un crecimiento enorme y necesario.

De esta necesidad de darle espacio a nuestra mente para que navegue en los rincones de lo que nos pasa hablé en esta entrega de mi newsletter.

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