Lo más probable es que estés fijando mal los precios.
No lo digo yo, lo dicen los datos.

Tenemos tantas creencias que damos como correctas porque siempre se hicieron así, que cuando vienen con datos nuevos nos cuesta cambiar de parecer.

Pero la verdad es ineludible, las ofertas hacen daño a nuestro producto y a nuestra marca.

Puede ser un recurso valioso para aumentar las ventas y ganar visibilidad, pero el que viene por precio, se va por precio. El consumidor que compra en oferta no sigue comprando cuando vuelve el precio normal.

En su mente, ese producto vale lo que pagó la última vez y eso es muchísimo más caro de revertir.

¿Y si en vez de hacer ofertas y gastar dinero en promocionarlas,
gastamos ese dinero en fortalecer la percepción de nuestra marca, 
y vendemos nuestro producto más caro?

Buscar aumentar el volumen de ventas puede significar que tengamos que invertir más en producir más.

Por eso subir los precios, aunque parezca contraintuitivo, puede ser la solución.

Para los economistas el precio es un número, para el consumidor es el valor de lo que percibe.

Podemos aumentar el valor comunicando mejor lo que hacemos y al mismo tiempo podemos aumentar el valor aumentando el precio.

¿O me vas a negar que dudaste de la calidad de un buen producto si este era muy barato?

Ejemplos hay millones, pero te dejo uno sólo:
Peloton, la marca de equipamiento para fitness, cuando lanzó su primer bicicleta con pantalla la cobraba USD 1.200. Los consumidores decían que si tenía ese precio seguro estaba mal construida.
¿Qué hicieron? La empezaron a vender a USD 2.000 y las ventas se dispararon.

Entonces, no te guíes sólo por costos + ganancia. Tomale el pulso al consumidor, qué valora de lo que ofreces y qué tan importante será lo que hagas para ellos.

A veces el precio no está sólo para ganar más dinero, si no para ayudar al consumidor a entender la solución que estás ofreciendo.