Sábado, 8AM. Hoy es mi cumpleaños y mientras me tomo unos mates en mi escritorio escuchando a Jon Batiste, el resto de mi familia me está preparando el desayuno.
Es una costumbre de nuestro hogar agasajar al cumpleañero con un desayuno al despertar. El problema es que soy el primero en despertarme y más si amanece temprano como ahora. Entonces, me toca esperar.
Cada nuevo cumpleaños viene con un análisis inconsciente sobre lo que ha sido el último año. El análisis pasado no estuvo del todo bien. Me sentía que no estaba en el lugar profesional que me imaginaba para los 40 años. Quería estar resuelto, tranquilo, con seguridad, y la realidad distaba mucho de eso.
Este año es diferente.
No estoy resuelto, ni tranquilo, ni con seguridad, pero estoy feliz con lo que estoy haciendo.
No llegué.
Creo que nunca se llega.
Pero sí estoy haciendo lo que creo que hace falta y eso ya me deja un paso más cerca.
Me estoy ocupando de mi negocio responsablemente y tengo una visión cada vez mas clara de lo que quiero y soy capaz.
Quizás para algunos esto no sea nada, pero para llegar a estas definiciones hace falta recorrer varios caminos, probar, fallar, probar mucho, fallar mucho y sobre todo cuestionarse a uno mismo sobre lo que querés y sobre lo que sos capaz.
Esto no busca ser una página pública de mi diario íntimo, es una invitación a que también te cuestiones lo que querés y te convenzas de lo que sos capaz. Porque en breve termina el año, y el inconsciente empieza a cerrar ciclos y tu negocio a pasar facturas.
Y si sentís que hay algo para mejorar, pedí ayuda. Que bastante pesado es llevar un negocio adelante como para querer hacer todo en soledad.
En una de esas encontrás felicidad en lo mas simple. En sentarte a trabajar y sentir el impulso de querer hacer algo grandioso de la tarea que te toca encarar.
Hay que transitar esos lugares que no tenés ganas para poder llegar a dónde querés.
Bueno, me voy.
Ya gritaron: “A la mesa, que están listos los panqueques!”